Presentación del blog

En Junio de 2013 sufrí dos crisis de hipertensión consecutivas en menos de una semana. Lo que sólo parecía un episodio pasajero de ansiedad y dolor de cabeza era, en realidad, una subida brusca de presión arterial hasta cifras de 210/132, un 70% superior a los valores normales. Al salir del hospital, el médico me adirtió algo que ya había escuchado antes: si no resolvía el problema, podía sufrir lesiones de riñón, corazón y cerebro irreversibles.

No sé el momento en que empecé a padecer de hipertensión. Sé que a finales de los 90 empecé a engordar, a perder el estado físico que tuve durante mi juventud y a tener lecturas ocasionales de hipertensión moderada. Pero no le dí mayor importancia hasta unos años después, cuando empecé a sufrir hemorragias oculares recurrentes que sirvieron para diagnosticar el problema de fondo. En ese momento había llegado a pesar una media de 100 kg, con unos valores medios de 140/90, lo que hizo necesario que empezase a medicarme.

No engordé más, pero tampoco conseguí adelgazar y los problemas diarios terminaron por elevar el estrés y hacer que mi cuerpo se resintiera. Los dolores de cabeza se hicieron más habituales, hasta llegar a un punto en el que cada mañana sólo esperaba no sufrirlo una vez más desde primera hora.

En estas circunstancias llegé al verano de 2013 en que se produjeron los episodios que he citado más arriba. En ambos casos tuvieron que trasladarme del centro de salud de atención primaria al hospital más cercano para atajar los síntomas, ya que no respondía al tratamiento inicial. Al salir de la segunda intervención hablé con mi pareja y llegamos a una conclusión sobre la que ya habíamos hablado con anterioridad: la única forma de sanar, de vivir lo suficiente para realizar nuestros planes, de ver crecer a mis hijos, era perder peso y hacerlo en serio.

En lugar de ver en esto un castigo, lo vi como una oportunidad de volver a la dinámica de actividad al aire libre y deportes que había mantenido desde la adolescencia. Pero el camino no ha sido fácil y no siempre ha habido respuestas claras.

Para empezar nadie sabe porqué baja la tensión al perder peso ni cuánto baja. No hay un consenso médico en este aspecto. Unos cifran la reducción de tensión por cada 10 Kg en 1 punto, mientras que otros doblan esa cifra. Tampoco hay mucha literatura seria sobre cómo influye el deporte en la hipertensión, qué actividades son las más recomendables, qué dieta hay que seguir y si deben incluirse o no suplementos dietéticos para deportistas.

Al mismo tiempo, casi desde el primer momento en que obtuve la ayuda de algunos conocidos para iniciar mi entrenamiento y me puse en marcha, noté una alegría especial, una ilusión por seguir adelante y conseguir mis objetivos.

Como periodista, me parecía el proyecto ideal para compartir con otras personas. Ante la avalancha de bitácoras y foros en los que todo el mundo opina pero cualquier pregunta se considera una ofensa, ante la falta de lectura asequible y clara sobre estos problemas, me pareció un tema perfecto para un periodista de divulgación e investigación. Mi propia experiencia me ha servido para saber qué preguntar, qué me hacía falta y qué preocupa de verdad a cualquiera que se encuentre en esta situación.

Las redes sociales, además, abrían la posibilidad de hablar con otras personas, de abrir diálogos con aficionados y profesionales para resolver dudas. ¿Podía tomar termogénicos? ¿Se puede saltar a la comba? ¿Debo eliminar la leche de mi dieta?

Pero lo mejor es, sin duda, compartir el camino, el esfuerzo que, día a día, nos lleva a ese objetivo de reducir o eliminar la medicación de nuestras vidas, de levantarte sin molestias, de olvidarte de los mareos y el dolor de cuello. No sólo por mi parte, sino por toda la gente que se podía conocer a lo largo de este proyecto. Y es que no hay mejor prueba para valorar una teoría que los resultados.

Tienes en tus manos el resultado de este trabajo. Espero que te sea de utilidad y eres bienvenido a proponer preguntas, compartir tu experiencia o aportar tu opinión en esta bitácora, en la página oficial de Facebook o en el hilo de Twitter. Desde la posición de alguien que ha pasado por lo mismo, sólo puedo decirte: ¡Animo! Merece la pena 😉

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