Spaghettis con Salsa de Gambas

En el diseño de la dieta soy de esos partidarios de no prohibir gran cosa, sino de aprender a convivir con la comida. Hay que encontrar formas de preparar la pasta, sobre todo en su forma integral, sin que nos dé remordimiento o fomente la obesidad, como esta sencilla receta con gambas, tomate y un poco de pimienta.

La pasta está buenísima y es un elemento fundamental de la dieta mediterránea. Lo que pasa es que, como con casi todos los carbohidratos, nos hemos acostumbrado a meterla como un recurso fácil y rápido con demasiada frecuencia, lo que hace que un alimento en principio tan sano como otro cualquiera, se convierta en una de las principales causas del sobrepeso que sufrimos.

En mi plan semanal de alimentación hay pasta un día de la semana, normalmente los martes, y entre las recetas que utilizo destaco ésta, que huye de las tradicionales salsas a base de nata y queso, y utiliza otros elementos para conseguir el sabor.

Otro problema al que nos enfrentamos es quitar esa textura un poco más áspera de lo normal que tiene la pasta integral. No es que sepa mejor ni peor, simplemente es que es un poco más dura, requiere un poco más de cocción y el resultado, como digo, suele ser algo más áspero al gusto. Así que nos enfrentamos al doble desafío de sustituir ese sabor tan atractivo de la nata con otra cosa que, además, suavice la propia pasta.

La solución es una salsa bastante suave, con un toque de pimienta, en la que normalmente utilizo gambas, pero en la que podemos poner todo lo que normalmente se denomina “frutos del mar”, como mejillones o carne de erizo de mar y todas las variedades de crustáceos marinos, como langostinos o cangrejos. Todos ellos aportan ese toque de sabor intenso que podríamos perder al quitar la grasa y convierten un plato de pasta en un equilibrio de carbohidratos y proteínas, con el aliciente del salvado de la pasta integral.

Siempre tenemos que contemplar el eterno dilema entre alimentos frescos o en conserva. Los primeros están más buenos, pero requieren un trabajo adicional. Los segundos pueden perder algo de encanto en el paladar, pero son más baratos y prácticos. Mi objetivo siempre es proponer recetas que sean compatibles con una vida agitada, en la que no hay mucho tiempo de cocina, porque ese es uno de los grandes problemas que llevan a la obesidad: hacemos comida precocinada porque es rápida. Dejo a tu elección decidir para qué tienes tiempo el día que lo prepares: si vas bien de tiempo compra las gambas naturales, las cueces, pelas, troceas y fríes con toda normalidad. Si no es así, elige en tu zona una buena marca de gamas peladas y congeladas y las tienes en el congelador listas para preparar en unos minutos.

Otro toque adicional que yo le doy, como puedes ver en la foto, es agregar un poco de espinacas picadas. No afecta para nada al sabor, no estropea el conjunto e introduce un mínimo de verdura, que tiene que estar presente en todas las comidas.

Y no, no hay sal (es una receta de hipertensos), así que si la pones, que sea lo mínimo y asumiendo el efecto que puede tener. El ajo, el marisco, el tomate frito y la pimienta aportan una variedad de sabores lo suficientemente amplia e intensa como para tener un plato sabroso sin necesidad de nata, queso ni sal.

Ingredientes para dos personas:

  • Un puñado de gambas (unos 150 gr).
  • Pasta integral, espaguetis en este caso(140 gr).
  • Tres o cuatro dientes de ajo picado muy fino.
  • Espinacas trituradas (unos 80 gr).
  • Un chorrito de aceite de oliva.
  • Un poco de tomate triturado frito (unos 100 gr).
  • Pimienta blanca.
  • Orégano.

Tiempo de preparación: Entre 20 y 30 minutos.

Preparación:

Este plato tiene dos fases: la de la salsa y la de la pasta. El tiempo que tardes en prepararlo depende de tu soltura en la cocina y de si puedes o no tener las dos cosas en el fuego al mismo tiempo. Lo suyo es poner la pasta a hervir y, mientras lo hace, preparar la salsa, de forma que cuando ésta esté en la sartén, llegue el punto de cocción de la primera y podamos mezclarlo todo a una temperatura adecuada. Pero si no te organizas muy bien, lo mejor es hacer primero la salsa, dejarla tapada en la sartén fuera del fuego, para que no se queme, y preparar después la pasta.

Para la salsa:

La base es un sofrito de gambas, así que seguimos la receta básica del sofrito, que consiste en poner el aceite en la sartén, calentarlo y calentar el ajo hasta que coja un tono dorado en las esquinas. En ese punto añades las gambas y las fríes hasta que estén bien hechas, lo que tardará unos 3 minutos.

Las dos variantes en este punto tienen que ver con el sofrito y el marisco. Si te gusta la cebolla, puedes hacer el mismo sofrito, pero añadiendo la cebolla picada al ajo en el mismo momento. Yo no suelo ponerla, porque no me gusta, pero si está bien hecho no se nota y a quien le guste le da un punto adicional de sabor.

Cuando las gambas estén hechas (se ponen blancas), añades la espinada picada y el tomate frito, la pimienta y el orégano, removiendo con regularidad a fuego suave para que quede una salsa homogénea y de un agradable color rojo. Llámalo gula, pero para mí una salsa no merece la pena si no tienes la tentación de mojar pan en la sartén ahí mismo, y ese es el punto que debes conseguir.

Cuando esté todo preparado, aparta la sartén del fuego y tápala mientras haces la pasta.

Para la pasta:

La pasta es muy fácil de preparar: ponemos una olla mediana con agua a hervir y un puñado de sal gruesa. Cuando llegue al punto de cocción bajas el fuego y añades la pasta. Lo suyo (tengo un par de amigos italianos) es dejarla 7 minutos, pero al ser integral, y en función de la dureza del agua en donde vivas, puede ser necesario dejarlo un par de minutos más. Acuérdate de remover de vez en cuando, sobre todo al principio, para evitar que se pegue. Cuando venza el tiempo, retiras la olla del fuego y escurres todo muy bien.

Devuelve la pasta a la olla y agrega el aceite, removiendo todo para asegurarte de que queda repartido de manera uniforme. El aceite de oliva da un toque de sabor y evita que se pegue al salir del agua.

Sólo queda agregar la salsa y servir. A algunos les gusta mezclarlo todo en la olla y otros prefieren presentar la pasta en el fondo, con un montón de salsa por encima. Lo dejo a tu elección. En la foto puedes ver el resultado mezclado y a mí me entra hambre sólo de verlo. Que lo disfrutes y no dejes de hacerme llegar tus comentarios, sugerencias y alternativas para mejorar la propuesta 😉